domingo, 16 de noviembre de 2008

Sir Roger Norrington, sublime y fiel al original






Cuando un experto afronta la tarea de dirigir una orquesta de radiodifusión alemana, como la de Stuttgart, tras las eras Celibidache, Marriner o Gelmetti, tiene que poder aportar algo de aire fresco. Un maestro como sir Roger Norrington, que proviene de la música antigua, de haber creado grupos sobresalientes como los London Classical Players, los London Baroque Players o el Coro Schütz, parte desde el punto de vista del análisis metódico y sistemático de la música. Norrington sabe que el arte orquesta no lo constituyen notas aisladas en un pentagrama, sino que la historia de la pieza y la posible interpretación pueden tener mucho que decirnos. Los aspectos de interpretación histórica, el empleo de últimas ediciones de las obras o el uso de la plantilla orquestal que cada compositor desearía, son algunas de las claves que Norrington considera esenciales. La posición alemana de la agrupación (primeros y segundos violines enfrente unos de otros, con trompas y trompetas, y contrabajos en un segundo plano), la articulación de los arcos de cada período y el uso del "tempo" adecuado nos aproximan a esa época. El sonido resulta dinamizado, fresco, rejuvenecido con el uso mínimo del vibrato, pese a que tan polémica decisión le haya llevado a acaloradas divisiones de opinión. Norrington lo deja claro: "No creo en el vibrato continuo".
Resulta un apropiadísimo traductor de Franz Joseph Haydn, reconocida en su magistral contribución a la Haendel and Haydn Society (de la que Hogwood también es miembro). La Sinfonía nº103 "Redoble de timbal" nos paralizó en las butacas del Auditorio. Cada instrumento de la Orquesta de la Radio de Stuttgart sonaba a otras épocas, pero con un sentido del ritmo y del color inusuales. La sala vibraba ante una pieza que se podría enlazar con la "Militar", que destellaba alegría y optimismo por doquier y atrapaba al oyente. La cuerda, acrobática por momentos, definía un sonido camerístico de corte galante, para descubrir el vigoroso sonido de la percusión (como no cabría de otra manera con este sobrenombre) y el exacto e incisivo sonido aerófono. Sin respiración nos dejó el director británico. Las muestras de complicidad eran evidentes entre el maestro y los profesores de la orquesta, la comunicación fluía no sólo en lo musical. El público agradecía la simpatía del inglés. cuando se giraba hacia los asistentes, sonriente, alabando la acústica de la sala.
Si Haydn, el padre de la sinfonía y de la música de cámara, nos había dejado boquiabiertos, con Mahler y su "Titán" costaría enumerar la cantidad de matices a destacar. Cada instrumento sonaba como solista, virtuoso en cada nota, en cada frase musical. Como decía un amigo director de orquesta: "Es la primera vez que siento vibrar el Auditorio Nacional de Música". Emotivo fragmento el que entona el contrabajo en la marcha fúnebre infantil, excelente aportación la de "Blumine" (desechada por Mahler, al considerarla carente de calidad y de contexto), brillante unión del penúltimo y último movimientos en un desenfreno de medios instrumentales. Cada pequeña partícula sonora era perceptible, perfecta sincronía, los elementos de la naturaleza hechos música, potencial sonoro y un sólo pero: que Mahler no estuviera allí para escucharlo. Bravo, bravo y, mil veces, bravo.


Si les interesa esta labor de investigación sonora del maestro Norrington, les aconsejo que adquieran algunos de sus trabajos en el sello VIRGIN y, más recientemente, en HÄNSSLER.

No hay comentarios: