jueves, 2 de abril de 2015

Antón García-Abril y su merecido reconocimiento


Durante el 80 Aniversario del compositor turolense, Antón García Abril, se están sucediendo tanto este 2015, como el año pasado, diversos conciertos que homenajean la figura universal del prolífico autor español.


He asistido a dos eventos especialmente significativos. El primero de los cuales, tuvo a la Orquesta Filarmónica Checa como protagonista, junto a su titular desde 2012, Jirí Belohlávek. En dicho evento, el genial violonchelista nórdico Truls Mork interpretó una de las más sublimes lecturas del Concierto que Antonín Dvorák escribió para dicho instrumento, escuchamos la cálida madera bohemia y nos sumergimos en el mundo del Caballero de la Rosa, de Richard Strauss.

Una de las composiciones realmente geniales de Antón García Abril captó la atención de los checos, ya que el propio titular de la orquesta fue alumno del director de orquesta rumano, Sergiu Celibidache: me refiero a Celibidachiana. El maestro Belohlávek estudió violonchelo y fue asistente del mencionado maestro durante su periodo en Suecia, al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio, durante un par de años.

La amistad unió a dos mentes privilegiadas como son la de Celibidache y García-Abril. Belohlávek comentó al periódico El País: “Como alumno del Maestro Celibidache, estaba muy emocionado de que existiera una obra en memoria del que me enseñó lo que hoy soy. El profesor Antón García Abril –una de las figuras musicales más importantes de España- escribió una obra en forma de fantasía para una extensa orquesta, una pieza llena de una intensa expresión y con unos patrones orquestales genuinos. Mi intención con Celibidachiana es rendir tributo a ambos”. Estamos ante una pieza con mucho carácter, escrita a modo de elegía pero con elementos del concierto tradicional, parece describirnos el temperamento del homenajeado, con un gran despliegue de medios orquestales, jugando con la tonalidad, el ritmo y la melodía. En algunos momentos podría sugerirnos guiños a los Béla Bartók.



Pablo González propuso un interesante programa para el Ciclo de Conciertos de la Orquesta Nacional de España que empezaba con tres escenas del ballet La Guitanilla, de Antón García-Abril, seguía con el Concierto para flauta y arpa, de Wolfgang Amadeus Mozart y finalizaba con El Pájaro de Fuego, en su versión completa de 1910, de Ígor Stravinski.

Desde el inicio de la pieza para ballet de Antón García-Abril, podríamos pensar que estábamos escuchando una de las composiciones de Áram Jachaturián o de Alberto Ginastera, salpicada por el color nacional de Manuel de Falla. La cuerda comienza homogénea en la Danza de los dos caminos, para aparecer impetuosa la percusión y seguirle el metal. Se hace uso del pizzicato y el piano actúa a modo de continuo, el xilófono aporta un toque cómico, todo ello en un movimiento perpetuo. Las maderas aportan ese toque cercano y alegre, danzante. El timbre, la melodía y la armonía son claves en los dos tiempos posteriores: Adagio gitano y Ceremonial del trigo.

García Abril ha puesto música a muchas de las mejores películas de Mario Camus, Pilar Miró y Pedro Lazaga.  


La visión del Concierto de Mozart me pareció algo lineal, técnicamente muy bien interpretado por la flautista Magali Mosnier y el arpista Xavier de Maistre. Interpretar el Pájaro de Fuego íntegramente llevaba a mostrar las luces y sombras de la obra, en una más que correcta versión de Pablo González.